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Segunda prueba
¿Furulas?

Mi libro sobre zombis: Suerte, superviviente [Sin acabar]

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Mi libro sobre zombis: Suerte, superviviente [Sin acabar]

Mensaje  molter el Miér Mayo 28, 2014 11:34 am

Buenas, estaba escribiendo una novela de zombis por pura diversión y entonces, después de acabar el primer capítulo quise que alguien más que mi compañeros de clase lo leyeran, y me acordé de este foro al que acudia hace tiempo. El genero sería algo entre drama y comedia. Por ahora solo tengo el primer capítulo, pero me gustaría escuchar opiniones constructivas para poder mejorar en los siguientes. Sin más preámbulos aquí va.




Capítulo 1: Enfermedad
Hola, si estás leyendo esto significa que estoy muerto. Te contaré mi historia desde el principio. Puede que te interese, puede que no. En cualquier caso allá va.
Era domingo, estaba nublado y hacía frio, me dirigí al salón y encendí la televisión. La señal no llegaba, lo cual es algo extraño en mi ciudad.  Fui a por el desayuno, pero no quedaba nada en la nevera, normal, debido a mi dichoso hábito de dejar todo para el final. Mientras volvía al salón, miré por la ventana. Menuda mierda de vistas, tan solo se ve el patio interior de nuestro edificio. Después de desperezarme un poco y vestirme bajé a una panadería local que visitaba  frecuentemente, y que estaba abierta todos los días, gracias (o por culpa) a que su dueña necesitaba más ingresos.
Mientras bajaba por el ascensor me di cuenta de que algo iba mal. ¿Y los constantes martillazos provenientes del segundo piso? ¿Y los gritos matutinos de los del cuarto? Además, no había visto a nadie aún en mi vecindario. (Aunque eso no era tan extraño, puesto que era un día festivo.)
Una vez se abrieron las puertas escuché varios golpes en la puerta a la calle, y me percaté, a través de las puertas de cristal que conforman la entrada, varios seres humanoides con signos de descomposición. Creo que ese fue el momento, sí. Ese fue el preciso momento cuando me di cuenta de que todo iba a cambiar para siempre.
-¿Que mierdas estáis haciendo?
Silencio, nadie contestó.
-Voy a llamar a la policía, salid de aquí.
No sé por qué dije eso, ya que por alguna razón sabía que nadie me haría caso.
Volví a subir, confuso, y cuando quise abrir la puerta me di cuenta de que no me había traído las llaves.
-“Soy gilipollas” dije en voz baja.
Y ahí me encontraba yo. En la puerta de mi casa, sin mis llaves, ni mi móvil, esperando un milagro.  Obviamente no cabía la posibilidad de intentar romper la puerta, que tampoco soy tan imbécil, joder. Al cabo de un minuto de pensar se me ocurrió pedir ayuda a mi vecino de enfrente y consejero sentimental los viernes a las cuatro de la mañana cuando estaba borracho, no sé cómo ese hombre tenía tanta paciencia.
Sonó el timbre, y entonces pensé que quizás era una mala idea, ¿y si el hombre había visto lo que yo y estaba asustado? ¿Y si estaba tan asustado que me amenazaba de atacarme si no me iba? Todo eso rondaba por mi cabeza cuando entonces se abrió la puerta.
El me apuntaba con una pistola… De agua. Siempre había pensado que estaba un poco loco, pero quizás por lo borracho que estaba o porque yo también estoy algo loco no me había percatado que tanto.
-Manos arriba, no te lo repetiré.- Me dijo el, sorprendentemente serio.
Yo estaba a punto de reírme, pero preferí no hacerlo, ya que aunque su arma no era precisamente letal, el media un metro noventa y estaba bastante fuerte, y yo no soy precisamente un musculitos. (Además, que cojones, que hacía frio)
Alcé las manos, y le dije:
-No quiero problemas, tan solo me he dejado las llaves y… -El me interrumpió:
-¿Te has dejado las llaves?...
-Sí, y te quería pedir si…
-¿Pero tú eres imbécil?
En esos momentos no estaba para que alguien, mientras me apuntaba con una maldita pistola de agua me llamara imbécil, pero me contuve.
-Veamos…Te quería pedir si puedo entrar a tu casa, y de paso a ver si tienes señal o si sabes que mierda está pasando.
El miró a los lados (como si fuera a encontrar algo…) y me dijo que pasara.
Una vez adentro me registró, y me confiscó un billete de 5, una dirección de un centro de señoritas que  se ofrecen para trabajitos y un vale descuento en mi próxima compra en el súper de debajo de mi casa.
Encendió la tele y nada, obviamente si no había señal en mi casa tampoco habría señal en la suya. El sacó un parchís de encima de un estante y me dijo:
-Juguemos.
-En estos momentos mi prioridad es saber que pasa, por lo que no, voy a mirar por la ventana.
-¡NO!- Me gritó él- ¡Ni se te ocurra subir la persiana!
-¿Por qué no debería hacerlo?- Le pregunté con las manos apunto de subirla.
-La última vez que lo hice vinieron 3 o 4 de ellos a recibirme, y aún siguen en la entrada, que yo sepa.
-¿Quiénes son “ellos” exactamente?
El suspiró, me miró de arriba abajo y me dijo:
-Joder, pues sí que eres imbécil.- Puso el parchís encima de la mesa y dijo: -¿La azul o la amarilla? (Refiriéndose a las fichas)
Hubo un momento de silencio, y entonces susurró: -La azul me gusta más…- Subió el tono de voz- Tú juegas con la amarilla, siéntate.
Yo obedecí, me senté y el lanzó el dado por primera vez.
-Son gente. –Me dijo-
-¿Gente? ¿Cómo que… gente?
-Pues personas, personas muertas que andan y se comen gente. Como si fuera tan difícil de entender, ostia. ¡Zombis! No cuesta tanto.
En ese momento no me lo creí, de hecho creo que se me escapó una leve sonrisa.
-Ya, claro… ¿Entonces que está haciendo el gobierno si es eso verdad?
-Se han ido.
-¿Cómo que se han ido?
-Pues que nos han abandonado. Cada vez pienso que eres más imbécil.
-¿Y no hicieron nada al respecto? ¿No intentaron salvar a nadie?
-Sí, y ya lo hicieron. Esta madrugada. Sobre las seis de la mañana.
-¿Y no avisaron? No escuché nada.
-Sí que lo hicieron, pero yo no quise ir. Encendieron un puto altavoz y empezaron a dar gritos: “Todos los no-infectados vengan con nosotros, les ofrecemos seguridad lejos de aquí. Salimos en 10 minutos. Recojan todo lo importante y bajen a la calle.”
-¿Cómo es que no me enteré? –En el fondo sabía la respuesta a esa pregunta, ayer me acosté a las cuatro y para dormirme rápidamente me tomé una de esas pastillas para dormir, pero no se lo quería decir ya que con la manía que tenía mi vecino de insultarme, como para decirle algo así
-Y yo que sé, pero yo no quise ir. No me voy ni de coña de mi casa.
-Bueno, pues yo sí que me voy, ¿hacia dónde fueron?
-Dijeron algo de que se iban al norte, algo de un refugio militar.
Yo, que vivo en el peor barrio de Lleida, no tengo coche. Os mentiría si dijera que es porque no me fío de que me lo intenten robar, la verdad es que no tengo dinero. De hecho, dos meses antes de que empezara todo esto llamaron a mi puerta. Mi casero.
-Llevas 3 putos meses sin pagar, que si “mañana cobro”, que si “ha salido un imprevisto”, que si “no volverá a pasar, el mes que viene te pago todo”. Ya no cuela, cabrón, o me pagas todo lo que me debes o de patitas a la calle.
Yo no contesté nada. Agaché la cabeza y miré hacia otro lado. Lo último que recuerdo de eso es caer al suelo inconsciente, y despertarme en el hospital.
-Tiene usted suerte, eso le podría haber dejado secuelas permanentes.- Escuché cuando abrí los ojos.- ¿Podría responderme a unas preguntas, por favor?
-Si… Supongo.
-¿Cómo pasó esto? Lo encontramos en el suelo de su casa, con la puerta abierta, creemos que alguien le convenció para abrir la puerta y entonces le golpeó. ¿Recuerda algo?
Esa era una oportunidad única, si decía que me había agredido mi casero cobraría un buen dinero, así que lo hice.
-Fue mi casero, me golpeó después de decirle que no podría pagarle en el plazo acordado.
Al cabo de unos días yo estaba en mi casa con 3000 euros y mi casero en la cárcel durante un año y medio, creo. Tampoco me importaba, solo quería algo de dinero y ya.
Después de convencer a mi vecino de abrir un poco la persiana, miré a todos lados en busca de un coche. Yo vivo en el centro de una pequeña calle, debido a eso no veía muchas posibilidades de encontrar un buen coche, abierto, con las llaves o algo así, porque no sé cómo me estaréis imaginando, pero yo no soy ladrón de coches, y no tengo ni idea de hacer un puente de esos.
Nada.
Como he dicho antes, yo no soy ningún musculitos ni un atleta tampoco, y la posibilidad de huir corriendo de aquí quedaba casi automáticamente descartada, ¿pero qué otra posibilidad tenía?
Bajé por las escaleras y observé que en la puerta a la calle ya no había nadie ni nada.
-¿Salgo?- Pensé.
Un instante después me vi atacado por detrás por un maldito zombi, ¿de dónde mierdas había salido? NI idea, pero estaba demasiado ocupado luchando por mi vida como para pensar en esas cosas.
Forcejeamos durante unos instantes, el me ganaba el forcejeo, no podía más…  Entonces se abrió la puerta y lo siguiente que escuché fue un disparo. En realidad la puerta no se abrió, la reventaron con algo, y los cristales me dieron en la cabeza, pero sin hacerme realmente ningún daño importante. El caso es que estaba vivo… por ahora. Esa mujer me estaba apuntando, y eso no era un arma de juguete, esa pistola acababa de volarle los sesos a esa cosa que me había intentado comer.
-¡Arriba, vamos! Tú por delante, llévame a algún sitio seguro.
Yo me levanté con las manos en alto en todo momento, excepto cuando tuve que presionar el botón para que el ascensor subiera al tercer piso.
Una vez en el ascensor me di cuenta: Era preciosa. Tenía el pelo liso, castaño, y le llegaba hasta los hombros. Tenía unos ojos verdosos, que brillaban debido a la luz del ascensor. Una sonrisa debería acabar de detallar esa cara, sin embargo, estaba seria. Era pequeña y, para que negarlo, estaba buenísima.
Volví a llamar a mi vecino, con ella detrás de mí apuntándome.
Se abrió la puerta y entonces él la vio, y sobre todo: Vio la pistola. La real.
Mi vecino dio una sorprendente voltereta lateral y después, empuñando su pistolita de agua, apuntó a la chica y disparó. Yo me agaché, sin saber cómo podía reaccionar ella y, ya que yo estaba delante no me inspiraba mucha seguridad.
Ella se quedó atónita, perpleja, estupefacta, y unos cuántos adjetivos más. Sin embargo reaccionó, vaya si reaccionó. Le metió un tiro a mi vecino en el cuello, y después de unos segundos murió. Ahora tendría que ganarme mi vida con una buena explicación de por qué la había traído allí.
-Te prometo que este es el lugar más seguro al que te podía traer, y no sabía que él estaba tan loco. –Le dije, con la falsa calma que mi voz aparentaba.- Además, ¡él no representaba ningún peligro para ti!
-Sí que lo hacía, ¿y como va a ser seguro un sitio donde según abren la puerta dan una voltereta y te disparan con una pistola de agua?
-¡No te iba a hacer nada! –Grité, algo más alterado que antes.
Hubo una pequeña pausa en la conversación, de esas que más que incomodas son hasta divertidas. (Aunque esa espera precisamente no me fue divertida)
-De acuerdo, voy a…
De repente volvimos a escuchar más pasos (y tropezones) venir de las escaleras.
-Mierda, la puerta. –Dijo ella.
-Normal, ¿a quién cojones se le ocurre romperla para pasar?
-Vale, voy a cometer el error de confiar en ti. Toma esta otra pistola.
Ella sacó otra pistola idéntica de su bolsillo trasero, que me ofreció.
-¿Sabes disparar? –Me dijo.
-Joder, no.
-Pues vas a aprender, la coges así, con las dos manos, entonces quitas el seguro aquí, y apuntas a la cabeza. Es importante que sea la cabeza, de otra manera solo gastarás balas. De momento olvídate de recargar, no tenemos tiempo.
Mientras ella acababa la frase aparecía un zombi por las escaleras, y me dijo que lo matara. Él se acercaba lentamente, tanto que parecía estar a cámara lenta. Repasé mentalmente lo que tenía que hacer. Dos manos, seguro fuera, apunto, cabeza… Disparo.
Fallo. A la mierda el cristal de la ventana.
-¡Joder!
-Cálmate. –Me dijo, inténtalo de nuevo.
Respiro hondo, dos manos, seguro fuera… ¿Por qué no sale…? Ah, ya está fuera, apunto, cabeza… Disparo.
Los sesos vuelan por todos lados, creo que me entran arcadas y ella dice:
-Vamos, no hay mucho tiempo hasta que esto atraiga a más.
Avanzamos por las escaleras, que parecían más seguras que entrar en un lugar cerrado donde de un momento a otro se abrirían las puertas y nos podrían estar esperando varios zombis.
Llegamos a la planta baja, donde nos esperan dos de ellos.
-Yo el de la derecha. –Dice.
Repito la operación, dos manos, (no quito el seguro de nuevo), BANG! Mierda, tiemblo. Ella ya ha disparado y ha caído el suyo. De acuerdo, apunto, disparo... Le doy en el brazo. Eso lo ralentiza, pero continúa en pie. Apunto de nuevo y esta vez va a la cabeza. No se me da tan mal, al final.
Avanzamos rápidamente a la calle, donde se pueden ver dos zombis a  la derecha, a final de la calle, pero demasiado lejos como para representar una amenaza.
-Sígueme, vamos.
Avanzamos hasta que llegamos a un coche, que ella abre con las llaves que llevaba en su bolsillo.
-Súbete.
Me subo de copiloto, y avanzamos rápidamente aunque sin saber realmente a donde voy.

Fin del primer capítulo.


Última edición por molter el Miér Mayo 28, 2014 12:08 pm, editado 1 vez (Razón : Añadido título.)
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Capitulo 2

Mensaje  molter el Mar Jun 03, 2014 1:03 pm

Capítulo 2: El exterior
Miré por la ventana. Todo vacío, absolutamente todo. Ni siquiera veía un zombi por la zona donde estábamos pasando en ese momento. Nada.
-Me llamo Cristina.
-Yo soy Sergio.
-Vamos hacia el norte. Se supone que allí hay un lugar seguro.
Ese era el lugar donde quería ir desde el principio, por lo que no dije nada. Tenía la pistola en mi mano. Si quería, podía apuntarle a la cabeza, obligarla bajar del coche y quedarme con… No. ¿Cómo se me podía ocurrir eso?
Pasamos gran parte del camino en silencio, y solo paramos cuando ella quiso ir a mear. Mientras esperaba en el coche para continuar la marcha, vi un camión volcado a lo lejos, apenas se podía distinguir lo que era.
Cuándo ella volvió, le dije lo que había visto. Ella se limitó a asentir y continuó.
Pronto llegamos al lugar donde estaba el camión, bloqueaba el paso casi absolutamente, y era difícil avanzar ahí, por lo que frenamos para analizar la situación.
-De acuerdo, tú saldrás y revisarás que no haya ningún zombi cerca. Recuerda que es importante estar calmado para disparar, si lo necesitas. Vuelve en cuanto veas que no hay nadie cerca y hayas visto un camino para avanzar. – Me dijo ella.
- ¿Y por qué no vamos los dos? Sería más seguro. –Contesté.
-Alguien se tiene que quedar a vigilar la retaguardia. Imagina que descubrimos uno delante y mientras se nos acerca alguien detrás. Sería peligroso, venga.
No muy convencido, salí del coche. Temblaba. Avanzaba caminando rápidamente, y giré con miedo la esquina que formaba el camión y que me tapaba la visión.
Me sorprendí al ver un coche siendo asaltado por un grupo de unos 10 zombis, como también me sorprendí al ver que ese camión tan solo era el último de un pequeño convoy de cuatro camiones. Sin embargo, solo el último había volcado. El resto seguían en pie, y en uno de ellos me pareció ver una sombra, podría ser otro zombi.
Me retiré silenciosamente, y una vez en el coche le dije:
-Vámonos.
-¿Por qué? ¿Qué has visto?
-Vámonos.
Entonces escuchamos un enorme “BOOM”. Después de unos segundos parados Cristina salió en silencio del coche y echó un vistazo. No volvía, por lo que salí yo también.
Al girar de nuevo la esquina, vi algo completamente diferente. El coche había explotado, y con el todos los zombis. Había también un chico, a juzgar por sus rasgos adolescente, y estaba llorando.
Cristina acudió a la ayuda de ese chico. Y pronto llegué yo también y le intentamos calmar.
-¿Qué ha pasado? – Dije yo.
-Ha muerto… -Dijo entre sollozos.- Era mi… mi padre.
Vimos a un zombi acercarse lentamente. Al que disparé con bastante precisión.
-Vamos a nuestro coche, allí nos cuentas todo.
Después de llegar y retroceder un poco de esa zona, empezó la historia.
-Ayer por la noche mi padre, que es militar, se tuvo que ir de emergencia.-Empezó.
-Al cabo de unas horas recibí una llamada. Era de mi padre y me decía que me prepara para bajar a la calle en unos minutos. Yo no entendí nada pero bajé. Vi llegar a un convoy de camiones, el que habéis visto, y mi padre en uno de ellos, me dijo que me montara. Me subí y aceleramos para recoger a más gente. Poco después ya estábamos saliendo de la ciudad para, según decían, “un refugio militar secreto donde podíamos refugiarnos todos”, decían también que este era solo uno de los varios convoys que habían pasado a recoger a la población.
Cuando llegamos cerca de aquí nos encontramos con un grupo de zombis que había salido de la nada, no hubo tiempo a frenar, y el primer camión chocó. Nos colocamos como pudimos delante, y bajamos para acudir a ayudar, pero no todos los zombis habían muerto con ello, y mi padre, que fue uno de los que primero bajó, se topó con ellos y se pudo refugiar en un coche, el resto no lo lograron. Yo me escondí en el camión, asustado, y pude ver como empezaban a evacuar a todos, sin embargo, yo no me iba sin mi padre, así que me quedé escondido. Creo que no funcionó la evacuación, no estoy seguro. Cuando no escuché a nadie, me asomé y vi a un grupo de zombis asediando a mi padre. Nos miramos, y parece que el decidió usar una granada dentro, matándolos a todos y salvándome así la vida.
Hubo silencio durante unos segundos, y entonces, después de decirle que lo sentíamos, le invitamos a unirse a nosotros, al fin y al cabo, íbamos al mismo lugar.
El aceptó, y continuamos el viaje entre lloriqueos y sollozos. Le pregunté el nombre, sin embargo no me contestó. Preferí no insistir.
Pensándolo bien, todo el mundo se había adaptado fácilmente a un apocalipsis zombi, y todo el mundo parecía saber qué hacer. Quizás he visto muchas películas y leído muchos libros al respecto, pero todo suena muy típico: Alguien descubre que hay un apocalipsis zombi, escucha acerca de un lugar seguro, encuentra a alguien, se van al lugar seguro… ¿Y qué suele pasar ahora en las películas? Supongo que llegan al lugar y no es lo prometido. Espero que eso no se cumpla en nuestro caso, ya que ¿dónde iba a ir entonces?
Mientras yo pensaba en esto, no me di cuenta de que el coche se había frenado en frente de una casa de campo, que estaba a un lado de la carretera.
-Pararemos aquí y pediremos algo de agua para el camino. –Dijo Cristina.
Bajamos del coche y nos dirigimos a la puerta de aquella casa. Pulsamos el timbre varias veces pero nadie contestó.
-¿Entramos por la ventana? –Dije
-No, usaremos ese pozo de allí y nos iremos. –Contestó,
Se hacía de noche, y no me hacía mucha gracia continuar conduciendo de noche, por lo que volví a proponer mi idea mientras bombeábamos el agua.
-No creo que haya nadie aquí ya, y se hace de noche. ¿Qué tal si nos quedamos a dormir aquí?
Nadie contestó, creo que les daba demasiado miedo aceptar a quedarnos y equivocarse, o negarse y equivocarse también.
-Pensadlo, -Dije- no es muy seguro viajar de noche, y menos con todo lo que se ha montado. Además, necesitamos algo de descanso.
De nuevo, no contestó nadie. Así que me lo tomé como un “Sí, quedémonos aquí por ahora”.
-Voy mirando por donde entrar.
Intenté abrir la ventana, sin éxito. Me retiré unos pasos y observé la situación, me concentré, pensé, y entonces lancé una piedra que encontré al cristal, listo.
En cuanto entré vi una sala con una chimenea, un sillón, un sofá y una mesita, también colgaba una lámpara del techo. Encima de la chimenea vi una fotografía. Se podía ver una pareja joven en su boda, besándose. La casa debía ser suya. Me asusté cuando escuché a alguien entrar por la misma ventana que había roto, pero eran ellos. Cristina y el chico.
Inspeccionamos la casa Cristina y yo, mientras el chico se quedaba en esa sala.
Parecía que había pasado un remolino por la cocina, sin embargo quedaban varias opciones para cenar. La primera era una sopa para cada uno, otra era unos snacks y unas palomitas, por último teníamos unos cereales con algo de leche.
Decidimos que cenaríamos sopa, aprovechando que había electricidad. Al fin y al cabo, nos la merecíamos. Nos llevaríamos los cereales, la leche y los snacks en el coche el día siguiente.
Después de cenar debatimos acerca de cómo nos repartiríamos para dormir. Decidimos tener a alguien de guardia siempre, y ahí surgió la duda de si aquel niño (adolescente, lo que sea) sabia disparar o si podríamos confiar en el para enseñarle.
-Oye... -Recordé que aún no me había dicho su nombre- Aún no me has dicho tu nombre, ¿verdad?
-Me llamo Miguel.
-De acuerdo, Miguel. ¿Tu padre te enseñó a usar un arma en algún momento?
Creo que se le iluminó la cara en ese momento.
-Claro, he probado una                pistola y un rifle semiautomático.
Me sorprendí, pues no esperaba escuchar una respuesta afirmativa.
-Perfecto, ¿entonces que turno te eliges? ¿El primero, el segundo o el tercero?
-El primero, empiezo ahora, solo dame un arma.
Le entregué la pistola que me había dado Cristina, la cual cogió y manipuló perfectamente, revisando la munición.
-Interesante, pero solo tiene dos balas, necesitaré más en caso de que pasé algo gordo.
Le mandé a pedirle munición a Cristina, y yo me empecé a dormir en el sofá, tapado por una mantita muy mona de gatitos que encontré en la habitación. Mi turno era el tercero, por lo que tenía tiempo. Estaba cansadísimo, y no tardé en dormirme.
Me encontré en un edificio muy alto, en el techo. Estaba mirando abajo, y había muchos, demasiados zombis. Podría contar miles rodeando el edificio. Parecían hormigas desde arriba, y el edificio se tambaleaba. Entonces me tiré del edificio, y desperté.
Me desperté sobresaltado, y me levanté de aquel sofá. Había tirado la manta y me di cuenta de que Cristina estaba ahí, por lo que debía ser su turno.
-¿Oye, estas bien? –Me dijo ella-
-Sí, no te preocupes, ha sido una pesadilla.
-Bueno, quedan 10 minutos para que llegue tu turno, así que no te duermas.
Pasaron los 10 minutos y me entregó el arma, entonces se fue a dormir.
Cuando pasaron dos de las tres horas de mi guardia se empezaba a ver el sol ya, y eso me reconfortó. Habían pasado años desde que vi un amanecer.
No pasó la última hora de mi guardia cuando se despertó Miguel.
-Buenos días. –Me dijo.- Voy a ver si hay algo que podamos desayunar.
Seguí con mi guardia durante unos minutos, entonces se despertó Cristina también y nos fuimos a desayunar. Desayunamos leche con cereales, esa que encontramos el día anterior.
Cuando acabamos de desayunar continuamos el viaje, pero ¿Dónde estaba yendo en realidad? Decidí preguntar a Miguel donde se encontraba ese refugio.
-Debemos estar a unas tres horas de allí.
-¿Y cómo es ese lugar?
-No lo sé, pero cuando le pregunté eso mismo a mi padre dijo que lo veríamos antes de llegar.
Continuamos el viaje mientras nos contábamos cosas personales, descubrí que Miguel tenía 16 años, que le encantaba ir de caza con su padre y que no era muy buen estudiante. Sin embargo era educado y usaba un buen vocabulario.
Cristina, por su parte, no nos quiso decir la edad, aunque Miguel insistió un poco. Yo creo que tiene más o menos mi edad, 21 años.
Estaba estudiando medicina, cosa que me alegró, ya que nos podría ayudar si nos pasaba algo. Nos dijo también como llegó a mi edificio. Ella estaba en su casa cuando escuchó el mensaje de uno de los convoys, intentó bajar todo lo rápido que pudo pero cuando llegó abajo ya se habían ido. Encontró esa pistola en el suelo, al lado de un cadáver. Tuvo que aprender a disparar ella sola rápidamente cuando ese cadáver se levantó y la intentó comer.re
Entonces encontramos algo por la radio, parecía una transmisión que se repetía automáticamente. Decía esto: “Bienvenidos a la frecuencia del refugio militar PMS, seáis quién seáis estáis cerca. Ofrecemos protección y medicinas. No se permitirán armas de ningún tipo… Bienvenidos a la…”
Y pronto lo vimos, vaya si lo vimos. Era una prisión, que siempre habíamos conocido como la prisión PMS, o prisión de máxima seguridad. Sin embargo, nunca nadie había visto a nadie dentro. Después descubrimos que la cárcel que creíamos de máxima seguridad no era nada más que un refugio secreto del gobierno. Claro. ¿Quién iba a querer y, sobretodo, a poder entrar a una prisión vigilada todo el día, todos los días?
Nos bajamos del coche y nos pusimos en la puerta. Había guardias en torres de vigilancia, y uno de ellos nos ordenó dejar las armas en el suelo y levantar las manos, después de unos procedimientos de seguridad estuvimos dentro. Eso sí, sin nuestras armas.
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Re: Mi libro sobre zombis: Suerte, superviviente [Sin acabar]

Mensaje  Mahya_99 el Vie Jun 06, 2014 7:35 am

Razz Sinceramente me ha encantado, esperare con ansias el tercer capitulo  Wink
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Re: Mi libro sobre zombis: Suerte, superviviente [Sin acabar]

Mensaje  Inmatxu el Miér Nov 18, 2015 8:10 pm

Deseando estoy de que pongas por aquí el tercer capítulo.
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Re: Mi libro sobre zombis: Suerte, superviviente [Sin acabar]

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