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Segunda prueba
¿Furulas?

[LIBRO] Un Mundo al Límite

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[LIBRO] Un Mundo al Límite

Mensaje  KibaZ el Mar Mayo 01, 2012 10:08 pm

Buenas a todos ^^

Os dejo aquí el primer capítulo de uno de mis libros, espero que os guste y.. comentad! ^^

Parte I


David le dio una última calada al cigarrillo y lo tiró al suelo. Llevaba un tiempo fumando tabaco de la marca Philip Morris, desde que pasara a fumar tabaco light.

-Putos comunistas -dijo Santi-
-¿Qué te pasa ahora con los comunistas? -preguntó David a su compañero-

Santiago era el compañero de clase de David. Un tipo de lo más friki, amante de la música electrónica y bastante colgado. Medía aproximadamente lo mismo que David, alrededor de un metro ochenta y llevaba media melena de color castaño siempre sin peinar, aunque nunca se le veía con pelos de loco a pesar de que se levantaba solamente quince minutos antes de que sonara el timbre que señalaba el comienzo de clases del Brianda de Mendoza a eso de las ocho y media de la mañana. Tenía los ojos marrones, de un color corriente y la piel de un color bastante claro. Para tener la fuerza que tenía cuando quería, era un tipo delgado que no aparentaba peligro alguno. Siempre llevaba la misma chaqueta de cuero y las mismas zapatillas agujereadas por la suela.

La verdad que no era mal programador. Hacía cosas interesantes en Ruby, C Sharp, C++, C... Pero odiaba Java. David y Santiago llevaban dos años en la misma clase, desde que se conocieran en el primer año del ciclo de grado medio “Sistemas Microinformáticos y Redes” y comenzaran a llevarse bien. Era un tipo muy majo, se le iba bastante la cabeza pero eso era motivo de reír más todavía con él. Cada dos por tres estaba despotricando de los comunistas, los judíos y demás.

-Que ya la han liado, si es que no se les puede dar una central nuclear sin que la líen -dijo Santi, en su habitual tono de broma. Era raro escucharle hablar de verdad en serio durante más de cinco minutos seguidos-
-¿Qué? Tío, deja ya de meterte cosas raras de buena mañana, cada día estás más colgado -dijo David, bromeando-
-Joder que no te miento, ahora te lo enseño -dijo Santiago al tiempo que sonaba el timbre que indicaba el fin del segundo recreo-

David y Santiago entraron en el instituto de nuevo, para dar las dos últimas horas del horario lectivo. Alguna vez David había oído hablar del Brianda de Mendoza como “una cárcel gigante y legal”... La verdad que no se alejaba mucho de la realidad.

El aspecto por fuera, además de ser soso todo él de color blanquecino, era de cárcel. Con sus vallas de color gris y escasos árboles que pintaban aquí y allá de verde el paisaje del instituto. El interior no era tampoco nada del otro mundo; un interior de aire antiguo, reformado anteriormente debido a la edad que tenía ya el centro educativo. El color blanco se fundía aquí y allá con el gris, el rosa pastel y el rojo apagado. Si un diseñador de interiores lo viera por dentro, se asustaría y saldría corriendo y chillando.

Los materiales tampoco eran nada del otro mundo gracias al decadente sistema educativo del país. Ordenadores con tecnología de seis años antes y trasteados por un montón de estudiantes de informática y, además, cabe mencionar a ciertos empleados del centro no muy simpáticos y que invitaban a salir corriendo de allí por su antipatía. Ciertamente, un conserje con carácter arisco y huraño no era el más indicado para el puesto.


Esperaron a que el profesor abriera la puerta del aula y entraron dentro con el resto de sus compañeros. Santiago desbloqueó el ordenador y abrió el navegador. Introdujo la dirección de Google España y escribió “desastre central nuclear Krasnoyarsk”. Al momento, resultados de varios diarios nacionales aparecieron como primeras opciones. Santiago hizo clic en la primera opción, perteneciente al diario “20 minutos”. Lo que vio dejó a David sin palabras.

Aparecía la imagen de un paisaje desolado por la radiación nuclear, completamente deshabitado. La noticia relataba los sucesos acaecidos en la central nuclear en cuestión hacía un par de semanas. Al parecer, por motivos desconocidos, los residuos radioactivos se vertieron dentro de la central nuclear y los empleados no supieron contenerlo, de modo que se expandieron hasta el exterior. Los residuos eran altamente radioactivos y la radiactividad se expandió con rapidez.

Según relataba la noticia, el gobierno ruso entró en acción con premura y evacuó la zona a tiempo. En las últimas líneas contaba que era posible que la radiactividad hubiera llegado hasta una base militar cercana, donde se investigaban y desarrollaban armas bacteriológicas. A David no le hizo mucha gracia leer aquello, pero lo pasó por alto sin darle mayor importancia en esos momentos.

-¿Lo ves? -dijo Santiago una vez que ambos leyeron la noticia- Ya la han liado. Putos comunistas.

En ese momento entró Luis, el profesor de Sistemas Operativos en Red y dio comienzo la clase.



Una vez terminaron las clases a las dos y veinticinco de la tarde, David salió y se sentó en la parada del autobús para estar la media hora diaria esperando a que le recogiera el autobús escolar. Cambió el modo del móvil a normal y se puso los cascos escuchando algo de “La Fuga”. Nunca acostumbraba a hablar con nadie, ya que era una persona poco sociable por naturaleza.

Medía alrededor de un metro ochenta y no llevaba un pelo excesivamente largo. Tenía los ojos marrones oscuro y hacía algún tiempo había engordado algo pero eso no le preocupaba en absoluto. La verdad, no estaba contento desde nunca con su físico aunque la gente dijera lo contrario ya que, en ocasiones, había llegado a darse asco a sí mismo. Era un tipo inteligente y eso era en lo único que él tenía confianza de sí mismo. Un auténtico manitas con ordenadores y aparatos electrónicos y siempre dispuesto a ayudar con cualquier cosa rota. Por naturaleza era arisco y le gustaba estar solo, cosa que le reconfortaba. Siempre llevaba la música con él, ya que era algo que adoraba profundamente y le ayudaba a pensar, le reconfortaba en malos momentos y le servía de apoyo en tiempos de crisis.

David sacó un cigarro de su pitillera de Lucky Strike y lo encendió. Tras dar una calada y con “Malos Pensamientos” sonando en los cascos comenzó a darle vueltas al tema. Todo había ocurrido en Rusia, así que estaba lejos, de modo que no tenía por qué llegar a España... O sí. Las últimas líneas atormentaban a David en extremo; “Una base militar cercana...” pensó David “...no... no es probable joder... me estoy volviendo un jodido paranoico...” pensó dándole la última calada al cigarrillo y tirándolo al suelo. Alejó el pensamiento de su cabeza sumergiéndose en la música.

El transporte escolar llegó a eso de las tres menos diez. David subió el primero, como de costumbre para intentar encontrar un sitio libre. Ese curso parecía que todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo para llenar el autobús; no quedaba ni un sitio libre y más todavía siendo la última parada para el regreso a casa. Durante el trayecto, David escuchó hablar a un par de chicos sentados en los asientos detrás del suyo sobre la noticia. Reían y bromeaban con el tema, pero algo olía mal en el asunto.

El día transcurrió con normalidad; David sacó a pasear a su perra, de raza American Stamford de color negro y blanco muy afable y nerviosa. Tras eso realizó su jornada laboral como todos los días en el bar familiar, atendiendo a los clientes a la par que estudiaba idiomas.



La mañana transcurría con normalidad en la jornada lectiva de cada día. “Otro viernes más” pensó David “Dentro de una semana a examinarme... Espero aprobar esta vez el teórico”. David amaba los coches y anhelaba conducir... legalmente. Un par de semanas atrás suspendió el examen teórico con cinco fallos y el disgusto fue monumental. Tras un tiempo yendo a clases, la seguridad que tenía en sí mismo se restableció casi por completo y se sentía preparado para volver a intentarlo. Mientras divagaba en su mente tras haber terminado unos ejercicios de clase, Santi le dio un codazo a David.

-Mira lo que he encontrado... Están colgaos -dijo, señalando la pantalla-

Cuando giró la cabeza, David vio un blog ruso traducido a través de el traductor de google. El dueño era un familiar de un soldado del ejército ruso que narraba historias sobre su trabajo. La historia en concreto narraba que una masacre debía de haberse desatado en una base militar cercana a Krasnoyarsk y que la unidad del soldado y otras muchas iban a ser destinadas allí. Normalmente, decía, les explicaban la misión a cumplir, así como los objetivos y peligros. En esa ocasión nadie les había dicho nada. Al preguntar al cabo a cargo de su unidad, dijo que no sabía nada aunque era obvio que mentía ya que estaba completamente pálido y no había dormido nada tal y como demostraban sus ojeras.

De repente, un pop-up en ruso apareció y la ventana del navegador se cerró. Un montón de soldados comenzaron a caminar por la pantalla, se giraron hacia el usuario y dispararon. Supuestamente debía ser chistoso, pero la cuestión era el virus en cuestión acababa de reventar el ordenador.

-¿Pero qué coño? -dijo Santi, incrédulo-
-Aquí pasa algo raro... Esto no me gusta nada... -dijo David, pensativo-

La bronca que le cayó a Santiago fue monumental y además fue expulsado tres días del instituto.

Como era de costumbre, a las once y media de la mañana David salió del instituto para dirigirse a su autoescuela para la clase teórica de la mañana. Debido a los escasos trenes que iban en dirección al pueblo en el que vivía, Espinosa de Henares, no podía asistir a las clases de tarde, ya que terminaban a la misma hora que el último tren partía de Guadalajara en dirección a Espinosa.

Cuando llegó a la altura de la estación de autobuses sacó un cigarro y se lo encendió. El incidente le tenía con los nervios de punta y no le hacía ninguna gracia que hubieran expulsado a Santiago. Decidió atajar por el interior de la estación de autobuses para llegar más rápido y lo que vio le resultó ciertamente sospechoso; Un montón de personas, a todas luces provenientes de Rumanía debido a la empresa de transportes a la que pertenecía el autobús, ATTLASIB, se pegaban por sacar sus pertenencias del remolque y salir lo más deprisa posible del lugar. No había motivo aparente, pero todos presentaban el mismo nerviosismo y los gritos se sucedían a uno y otro lado. David apresuró el paso para atravesar lo más deprisa posible la escena. Cuando caminaba a toda prisa intentando pasar desapercibido, uno de los rumanos que acarreaban maletas de un lado a otro tropezó con él provocando que las maletas terminaran en el suelo. David apenas dio un traspié y mantuvo el equilibrio mientras que el hombre comenzó a despotricar en rumano y a insultar a David. Al ver que el tipo no tenía ni idea de hablar español y además no parecía que supiera inglés, David se dio la vuelta dando por perdido el intentar disculparse. Subió las escaleras de la estación de buses escuchando despotricar al hombre y sin prestarle demasiada atención.
Al salir de la estación de buses y enfilar la calle que le llevaba al Paseo de las Cruces, David volvió a darle vueltas al tema. Primero, el derrame radioactivo en la central. Luego, ese misterioso blog y el ataque por virus al ordenador de Santiago. Ahora, un autobús de personas procedentes de un lugar relativamente cercano a Rusia bajando del autobús a todo correr y con ese grado de nerviosismo. Allí pasaba algo raro y, además, gordo.

Tratando de no darle más vueltas al asunto, David llegó a la autoescuela y descubrió a la secretaria escuchando una noticia en la radio con suma atención. La noticia no hacía más que narrar lo que David ya sabía acerca del asunto pero, además, un dato relevante. La radiactividad podía provocar muchos males conocidos, entre ellos espasmos y temblores así como caída del pelo o provocar enfermedades cancerígenas. La información añadida no calmaba para nada a David, pero trató de ocultar su inquietud y saludó amablemente a la secretaría de la autoescuela, que le invitó a pasar al aula y hacer unos cuantos test en uno de los ordenadores mientras el profesor llegaba.

David se quitó la chaqueta de cuero y la dejó sobre el respaldo de la silla, dejando también el maletín de su portátil a su lado. No se fiaba en absoluto de las personas que asistían a esas clases y procuraba tener vigiladas siempre sus pertenencias. Mientras seleccionaba un test a realizar, escuchó otra noticia en la radio que le puso los pelos de punta; Diversos países de la Unión Europea, entre ellas España, iban a enviar unidades militares y equipo médico a Rusia como apoyo, además de Japón y Estados Unidos. Eso no pintaba nada bien y parecía inútil. Ciñéndose solamente a los hechos que conocía, David llegó a la conclusión de que no era necesaria tanta ayuda para combatir la radiactividad. No, allí había pasado algo más en la base militar de desarrollo de armas bacteriológicas. “No tiene sentido si no se añade el dato de la base militar” pensó David “Allí pasa algo y envían a gente que después volverá aquí y... Me estoy convirtiendo en un maldito paranoico...”.

La clase teórica se desarrolló con normalidad y a eso de la una y media había terminado. David se puso la chaqueta de cuero, se colgó el maletín del portátil al hombro y salió de la autoescuela. Entonces, el móvil empezó a vibrar cuando lo tenía en la mano para poner música. El susto por poco provoca que se le cayera al suelo, pero lo mantuvo en sus manos. David desconectó los cascos y respondió.

-¿David? -preguntó una voz al otro lado de la línea-
-Esto... Sí, soy yo... ¿Quién eres? -preguntó David al no reconocer el número ni la voz-
-Antonio. Tío, te dije que venía hoy a pasar unos días contigo
-Joder, es verdad, no me acordaba
-Anda que ya te vale -dijo Antonio riendo-
-¿Dónde estás? Me paso a buscarte en un momento
-En la estación de autobuses. Oye tío... aquí está pasando algo raro. Hay un tipo tumbado en las sillas de espera de la estación y un montón de personas alrededor. Parece como si le dieran espasmos o algo así.
-Esto no me da buena espina... Sal de allí. Según sales por la puerta gira a la derecha y dobla la esquina. Verás una avenida larga que sube; ve por ella y me encontraré contigo por el camino.
-Vale, ahora te veo, hasta ahora
-Hasta ahora compañero.







Antonio era un tipo que conoció a través de un foro de solteros de internet. Tenían algunos gustos en común y se cayeron bien desde el principio, de modo que finalmente Antonio decidió ir a pasar unos días a casa de David en un descanso de la Universidad. Él estudiaba en la universidad de Murcia, de modo que tuvo que coger un par de autobuses para llegar a Guadalajara. Según había visto David en las fotos, era un tipo de complexión fuerte, alto con el pelo un poco más largo que él de color negro y ojos marrones oscuro. Tenía la misma edad que David, dieciocho años, aunque siempre le parecía que él era más mayor. Era un amante de la música Chill Out y Dance además de la música de los años 80 y de las películas de Rocky Balboa.

Rememorando cómo se conocieron David llegó al Paseo de las Cruces y vio a un tipo similar al de las fotos con una maleta de dimensiones considerables y con pinta de estar bastante perdido. David se acercó y le dio un par de toquecitos en el hombro.

-Esto... Eres Antonio ¿no? -preguntó David, no muy seguro de llevarlas todas consigo-
-Sí sí, joder, mira que no reconocerme... -dijo Antonio estrechando la mano de su amigo-
-Es que... nada, es tu culpa -dijo David bromeando- Pensaba que llegarías más tarde, a eso de las dos.
-Yo también, pero el autobús salió media hora antes de lo previsto de Madrid y aquí me tienes. A todo esto ¿Qué demonios está pasando? Lo del tipo de la estación de buses no me ha gustado nada...

Mientras caminaban, David le contó a Antonio todo lo que sabía y lo que sospechaba acerca de la base militar y la central nuclear de Krasnoyarsk. Antonio escuchó con atención hasta el final y permanecieron un rato callados mientras andaban en dirección a la parada del transporte escolar.

-Así que eso ha pasado... ¿Crees que puede ser algo grave? -preguntó Antonio-
-No lo sé, pero aquí hay gato encerrado... Las noticias no dicen más que pamplinas y lo que he leído en el blog no era tranquilizador.
-Ya veo... En fin, poco podemos hacer ahora. Por cierto ¿Dónde me llevas?
-Vamos a la parada de mi autobús. Te colaré, que hoy no ha venido la mitad de la gente y cabemos de sobra.

Llegaron a la parada cinco minutos después de que sonara el timbre y solamente había unos cuantos rezagados por las inmediaciones del instituto. David se sentó en la parada junto a Antonio. Normalmente, había más gente esperando el bus junto a David, pero ese día no vino ninguna de esas personas.

Entonces, mientras conversaba con Antonio sobre su viaje hasta Guadalajara, David advirtió que la persona que había al otro lado de la calle se comportaba de un modo un tanto extraño. Permanecía parada, tambaleándose constantemente como si se fuera a caer de un momento a otro. El tipo era uno de los rumanos que había visto David por la mañana bajando del autobús procedente de Rumanía. Era bastante alto y había una mancha muy rara en uno de los brazos de su camiseta. Llevaba el pelo alborotado en exceso y de cuando en cuando emitía un extraño sonido.

-Antonio... Mira a ese tío... -dijo David, dándole con el codo a su amigo y señalando al rumano-
-Qué cojones... parece que vaya a caerse de un momento a otro. Un momento... ¿Eso de su camiseta es sangre?






En ese momento, el tipo que estaba mirando a la pared dio media vuelta al pasar un coche por la calle y comenzó a caminar hacia la carretera. Tenía los ojos en blanco y caminaba tambaleándose y tropezando continuamente. Un hilo de sangre corría naciendo de la comisura de su boca y una herida de pinta muy fea se veía en su brazo izquierdo. Cuando estaba por la mitad de la calle y ante la expectación de Antonio y David, no se apartó cuando un Opel Calibra de color negro se acercó a velocidad excesiva. El conductor frenó y dio un volantazo, provocando que el potente deportivo derrapara con un sonido chirriante y dejando un insoportable olor a goma quemada. El vehículo quedó atravesado en la carretera y el hombre que lo conducía se bajó del coche con un enfado considerable. El rumano se había caído debido a la ventolera que formó el vehículo al pasar junto a él y en esos instantes pugnaba por levantarse como malamente podía.

-¡Tú, pedazo de gilipollas! ¿¡Qué coño te pasa!? ¿¡Por qué cojones cruzas por el medio de la calle!? -gritó el hombre al tipo extraño-

Al no recibir respuesta, el hombre se acercó al rumano y le propinó un puñetazo que envió al rumano extraño directo al suelo. El coche permanecía atravesado en la carretera con el motor en marcha, con flamenco sonando a todo volumen mientras el humo provocado por el derrape desaparecía en el aire. Entonces, el rumano en vez de levantarse agarró al conductor del coche de la pierna y le mordió. El hombre comenzó a gritar y a pisotearle la cabeza hasta que el rumano le soltó. Mientras observaba la herida y blasfemaba, no se dio cuenta de que el tipo raro se había levantado y se acercaba caminando más deprisa de lo que parecía. Para cuando quiso levantar la cabeza, el rumano se lanzó sobre él y lo derribó, comenzando a devorarle literalmente. Un reguero de sangre comenzó a fluir por el medio de la calle mientras que el rumano arrancaba trozos a bocados del cuello del conductor y éste era cada vez más incapaz de chillar.

David no se lo pensó dos veces. Se levantó, cogió su chaqueta y el maletín y salió corriendo en dirección al coche. Tiró el maletín y la chaqueta en el asiento trasero y se sentó en el asiento del conductor. Antonio, que por fortuna reaccionó rápido, tomó ejemplo y tiró su maleta de mala manera al asiento trasero ocupando el asiento del copiloto. Ambos cerraron la puerta de un portazo y David engranó la primera marcha del vehículo, levantó el embrague y pisó el acelerador. Los dos mil centímetros cúbicos del Opel Calibra reaccionaron y el coche empezó a picar ruedas hasta que salió disparado a una velocidad vertiginosa. El rumano permaneció en mitad de la calle, caminando en la dirección que el coche avanzaba.

-Joder... joder, joder, joder, joder, joder... -repetía David una y otra vez, conduciendo por las calles de Guadalajara a ochenta kilómetros por hora-
-¡Pisa el puto freno joder! -gritó Antonio-

David frenó y detuvo el coche a la entrada de un callejón, a la altura aproximada de la Avenida del Ejército. Encendió las luces de emergencia y sacó el CD del reproductor del coche, tirándolo por la ventanilla. El flamenco le ponía de los nervios, sobre todo el moderno.

-Dime que lo que hemos visto no acaba de pasar... -dijo Antonio, mirando fijamente al suelo del coche-
-Ojalá pudiera hacerlo... Y yo conduciendo sin carné de conducir, bien... -dijo David, quitándose las gafas y llevándose las manos a la cabeza en un gesto de agobio-
-Joder tío... Se... Se lo ha comido vivo... Es como una de esas películas de miedo... -dijo Antonio, completamente incrédulo-
-Vamos a ver... Está claro que “eso” es el resultado de todo lo que hemos hablado antes y que ya ha llegado a Guadalajara... Por tanto hay que conseguir víveres para sobrevivir y salir de la ciudad cagando leches.
-No sé con qué dinero pretendes que compremos nada -dijo Antonio, recobrando la compostura-
-Y yo qué sé... Espera... ¿Qué es esto? -dijo David recogiendo una cartera del suelo que estaba a sus pies-
-Debe de ser la cartera del tipo ese... Mira a ver si tiene algo.
-Joder... doscientos euros -dijo David, contando los billetes de veinte y diez euros- Este tipo iba a comprar algo...
-Da igual, ya no lo necesita... ¿Hay algún centro comercial cerca de aquí? -preguntó Antonio-
-Sí, hay un Hipercor y un Corte Inglés
-Vale... Vamos, compremos todo lo que podamos y salgamos de la ciudad. Ya pensaremos en qué coño hacemos después -dijo Antonio en tono apremiante-

David se guardó el dinero en el bolsillo y puso el coche en camino al centro comercial de Guadalajara, dándole mil vueltas al asunto. Todo parecía una mala pesadilla, pero era demasiado real. Esperaba que a nadie más se le hubiera ocurrido la misma idea de comprar en el mismo lugar que ellos tras ser testigo de una escena similar, porque iba a ser un completo caos en ese caso...


Parte II


David condujo hasta el centro comercial y aparcó el Opel Calibra en el aparcamiento trasero del inmenso edificio, temiéndose lo peor. Tras bajar del coche, reparó en que había más coches de lo normal para ser un día normal de diario, así que cerró el coche y caminó lo más deprisa que pudo hacia la entrada del centro comercial con Antonio a la zaga preguntando por qué caminaba tan rápido sin recibir este respuesta alguna. Al atravesar las puertas automáticas del centro comercial, David vio una auténtica turba de personas caminando en ambas direcciones pero, por fortuna, el ambiente que se respiraba era el mismo que el de un día festivo. Todo el mundo reía y sonreía sin preocupación alguna de modo que, por fortuna, nadie sabía lo que estaba ocurriendo en las calles de Guadalajara.

Dando un inmenso suspiro de alivio, David bajó por las escaleras mecánicas y entró en el Hipercor. Verdaderamente había muchísima gente para ser un día entre semana y eso podía ser muy peligroso, demasiado. Si una de esas cosas conseguía entrar, el caos se expandiría por todo el centro comercial y, en cuestión de minutos, habría una cantidad ingente de esas cosas merodeando por dentro, comiéndose a las personas mientras todo el mundo intentaba huir inútilmente. David apartó el pensamiento de su cabeza a la par que un escalofrío le recorría la espalda solamente de imaginar tal catástrofe. Era inevitable que ocurriera en algún momento, pero esperaba que no le pillara a él dentro del edificio.

Antonio y David comenzaron a recorrer los pasillos del Hipercor llenando poco a poco un carrito de la compra. La mayoría de los productos que cogían eran conservas pero David decidió coger también una docena de Coronitas, una botella de Jack Daniels y otra de Vodka Eristoff además de varias botellas de dos litros de diversos refrescos. Antonio llevaba la cuenta mientras que echaban cosas dentro del carrito y tras echar un montón de latas de atún se quedó pensando.

-Oye ¿Cuánto tenemos? -preguntó Antonio-
-Pues... doscientos euros... Pero deberíamos gastar solamente ciento cincuenta, el depósito del Calibra no estaba hasta los topes precisamente, además de que consume mucho... -dijo David, pensativo-
-Bueno... Llevamos ahora mismo ciento noventa y tres con ochenta... Yo tengo cincuenta euros, así que yo creo que con lo que llevamos, vale.
-Bien. Me pasaré por un estanco a coger tabaco que sino luego me subo por las paredes...
Se dirigieron hacia la caja y cuando David estaba sacando el dinero para pagar a la cajera, se desató la hecatombe. Un grito de espanto, seguido de otras tantas docenas de ellos llenaron absolutamente el ambiente del piso en el que se encontraba el Hipercor. Tal y como David pensó, era inevitable... Una docena de esas cosas estaba entrando por la puerta automática mientras un par de ellos daban buena cuenta de un hombre que gritaba pidiendo auxilio desesperado. La cajera salió corriendo presa del pánico para evitar terminar como ese hombre, pero no llegó a dar ni una docena de pasos cuando otra de esas cosas la cogió desprevenida y terminó con su vida de un mordisco en el cuello.

Aunque era lo que más deseaba evitar, esa catástrofe pilló a David con Antonio terminando de comprar. Era cuestión de minutos que las salidas se taponaran por personas intentando escapar de la muerte y que eso se convirtiera en un fosa común... O un buffet libre gratuito para esas cosas. Al pensar en esas cosas comiendo civilizadamente en un restaurante a David le dio la risa tonta. “Joder” pensó “Esta mierda me está volviendo loco... decenas de esas cosas a menos de cuarenta metros de mí y yo riéndome como un imbécil...”.

Tras acabar con la cajera, el infectado dirigió la vista hacia otro montón de personas que intentaba escapar, dando caza a un niño pequeño. De verdad esas cosas no tenían moral alguna... Zombies con moral... A David le dio la risa tonta de nuevo. Antonio estaba paralizado por el miedo pero no tardó en salir de su terrorífico asombro. Agarró el carrito de la compra lleno hasta los topes y comenzó a correr para salir de allí, meter todo en el Calibra y salir de esa ciudad de locos. Al ver correr a Antonio, David corrió detrás de él secándose las lágrimas que le caían de reírse, intentando alejarse de los infectados que hacían inútiles intentos de lanzarse a su cuello para devorarle. Antonio subió con el carrito por las escaleras mecánicas y salió corriendo por la puerta. Cuando ambos amigos llegaron al coche y David abrió el maletero, unos brazos cogieron por la espalda a Antonio y una de esas cosas intentó morderle. Antonio empezó a gritar como un descosido intentando zafarse de la presa del infectado, pero la fuerza que tenía el condenado era increíble. David cogió un cuchillo que compró “por si acaso” y se lo clavó en la cabeza al infectado. Éste sufrió un par de espasmos y cayó al suelo, completamente inerte mientras Antonio le pisoteaba la cabeza insultándole repetidamente. Mientras Antonio seguía desahogándose, David terminó de cargar las bolsas en el maletero del calibra y se sentó en el asiento del conductor mientras Antonio lo hacía en el del copiloto.

-¿Te ha mordido? -le preguntó David a Antonio-
-Creo que no... míralo tú -dijo Antonio, quitándose la camiseta-
-No, no tienes siquiera ninguna marca... Y tú decías que para qué compré el cuchillo -dijo David blandiendo el arma blanca- ¿Ahora lo sabes?
-Sí, sí... Salgamos de aquí cagando leches, no quiero estar en esta ciudad de locos ni un minuto más.

David arrancó el Calibra y salió del aparcamiento picando ruedas y esquivando tanto coches que intentaban huir desesperadamente del lugar como cosas de esas que trataban inútilmente de ponerse en el camino del vehículo.

Finalmente el desastre se desató en el centro comercial y tanto David como Antonio debían de dar gracias por haber conseguido salir vivos de allí. Después de esa mañana, el número de esas cosas en Guadalajara aumentaría en una gran cantidad en cuestión de horas, de modo que permanecer en la capital de la provincia sería prácticamente un completo suicidio.







Parte III

David permanecía sentado en el suelo del salón de menor amplitud, apoyado contra la pared con el rifle de calibre .22 descargado en el regazo, la caja de balas Regminton abierta a falta de algunos proyectiles junto a sus piernas y con una botella abierta de Vodka Eristoff en la mano izquierda, dando tragos de rato en rato mientras que Antonio permanecía enfrente de él, con la pistola Podium modelo 284 de aire comprimido del calibre 4.5 en una mano y una botella apenas empezada de Jack Daniels junto a él. Llegaron demasiado tarde al pueblo y esas cosas estaban dando golpes repartidas por las puertas exteriores de las casas de la urbanización en la que se situaba el chalet donde vivía David aunque, por fortuna, toda su familia estaba bien y, por desgracia, no sabía nada de sus amigos y conocidos, aunque más bien pocos le importaban. El camino en coche desde Guadalajara a la pequeña localidad fue más bien tranquilo, sin ningún incidente, pero al llegar al pueblo la catástrofe se desató.

En cuanto llegaron, lo primero que hicieron los dos amigos fue descargar el maletero del Opel Calibra y llenar la nevera hasta los topes de comida, organizando en los cajones la que allí no cabía y dejando las bebidas en el mueble bar del salón más amplio de los dos de los que disponía la casa de David. Una vez organizado todo, David introdujo el Opel Calibra dentro del patio delantero de la casa y cerró todas las puertas con llave, bajó todas las persianas salvo una del piso superior, que daba a la parte delantera de la casa ya que de la trasera no tenían por qué preocuparse debido a que en esa parte no había calle sino otra casa separada de la suya por un muro de dos metros y medio de alto. Una vez terminó, cogió su teléfono móvil y llamó a su madre. La primera llamada no obtuvo respuesta y, nervioso, David remarcó el número temiéndose lo peor. Por fortuna, la voz de María, su madre, sonó al otro lado de la línea con un tono más bien alegre.

-¿Sí? -dijo María-
-¿Mamá? ¿Dónde estás? -preguntó David ansioso. Era viernes, de modo que no debería de tener por qué preocuparse de que estuviera en el bar trabajando siendo así una presa fácil para esas cosas que ya había visto caminando hacia el pueblo por la carretera-
-En casa de Gemma, con Israel, Moisés y Susana que han venido hoy -dijo María, extrañada por la pregunta. Gemma era la hermana mayor de David que vivía en el mismo pueblo con su marido, Javier y sus dos hijos pequeños, Hugo y Joel. Moisés era el hermano más mayor de los tres y Susana su mujer. Debían de haber ido con su hijo de tres años, Nicolás, supuso David pensando lo más rápido que podía. Israel era el hermano de edad media entre David y Moisés que debía de estar con su hijo Aitor, que apenas tenía dos años-
-Vale, voy para allá. No os mováis de ahí por nada del mundo -dijo David-

Colgó inmediatamente el teléfono y miró a Antonio con cara seria, el cual esperaba a que David dijera lo siguiente que debían hacer. Cuando iba a decirle que debían ir a la casa de su hermana, que estaba a la vuelta de la manzana, un ruido estrepitoso rompió el silencio y la calma del pueblo. David subió corriendo las escaleras al piso superior y miró por la ventana. Una de esas cosas se había golpeado contra la valla y luego había tropezado con el coche de su padre, rebotando contra la puerta haciendo el estrepitoso ruido y en esos momentos intentaba levantarse inútilmente.

-Joder, ya están aquí -dijo David cuando Antonio entraba por la puerta de la pequeña habitación-
-De puta madre... ¿Y ahora cómo salimos? -dijo Antonio-
-Déjame pensar... -dijo David, sentándose en la cama de la habitación y apoyando la cabeza entre las manos- Ya está... aunque no sé si funcionará -dijo saliendo por la puerta-



Bajó al piso inferior y entró en el salón pequeño. Encima de la chimenea que había en la sala, estaba el rifle de calibre .22 de su padre, que llevaba años sin ser disparado. David lo cogió de su reposo sobre los colgadores de la pared y revisó el mecanismo del arma. Funcionaba, pero no parecía muy de fiar aunque tampoco tenía un arsenal precisamente a su disposición.

-¿Funciona? -dijo Antonio a sus espaldas-
-Ahora lo comprobaremos... -dijo David subiendo escaleras arriba-

David llegó al piso superior y bajó una caja que había sobre la estantería del fondo de la habitación de invitados, donde estaba la única ventana con la persiana subida. De la caja, entre un montón de cachivaches inútiles, sacó una caja de puros Farias y la abrió. Dos cajas de proyectiles de calibre .22 de marca Regminton y otra caja más pequeña con otros tantos proyectiles estaban dentro. David sacó una de las cajas de balas Regminton y la abrió, sacando un proyectil e introduciéndolo en el rifle. Al cargarlo el rifle produjo un sonido metálico y, tras eso, David abrió la ventana y se asomó. Vio al momento al inútil ser que caminaba calle arriba, por fortuna, ya que si hubiera caminado calle abajo una de las esquinas de su propia casa le habría tapado la visión. Se apoyó en el alféizar de la ventana y colocó el rifle en posición de disparo, apuntando a la cabeza del asqueroso ser que se acababa de parar en medio de la calle, como si no tuviera nada que hacer o nada lo motivara a moverse. Intentando no desviar el cañón de su objetivo, supuso que el retroceso del rifle haría que la bala saliera disparada algo más arriba y apuntó algo más abajo mientras que presionaba gradualmente el gatillo del arma. Tras unos segundos, el sonido del disparo rompió el silencio presente y todos los perros de la urbanización comenzaron a ladrar. Había acertado en el blanco a la primera y el ser se desplomó sobre el suelo de la calle mientras su sangre formaba un pequeño arroyo y algunos de sus sesos se desparramaron por doquier sobre el asfalto de la carretera. La culata del rifle había hecho algo de daño a David en el hombro, pero apenas le dolió dado que tenía tanto brazos como pectorales y hombros bien ejercitados.

-¡¡Bien, te lo has cargado!! -gritó Antonio, excitado-
-Uno menos, pero quedan muchos más -dijo David retirando el casquillo del rifle y tirándolo al suelo- Es lento, pero efectivo. Funciona mejor de lo que me pensaba.
-¿Tienes algo para mí? -preguntó Antonio con un brillo asesino en los ojos-

David cerró la ventana con presteza y comenzó a hurgar en la caja. Al momento, sacó una pistola de aire comprimido marca Podium del calibre 4.5 y se la entregó a Antonio junto con los perdigones en un par de botes y una pequeña bolsa.

-No es muy potente, pero debería servir para joder a esos cabrones -dijo David- ¿Sabes usarla?
-Sí, ya he manejado otras como esta alguna vez -dijo Antonio, estudiando el arma entre sus manos-
-Bien, vamos a la casa de mi hermana que está a la vuelta de la manzana. Debemos advertirles de lo que sabemos y tratar de que nos tomen en serio -dijo David vaciando media caja de balas en uno de los bolsillos superiores de su chaqueta de cuero-
-Vamos -dijo Antonio, con la mirada seria-

David entró en su cuarto y cogió un cinturón que se colocó en el torso transversalmente. Bajó a la cocina y le dio un cuchillo de dimensiones considerables a Antonio para después entrar en el salón y coger la espada toledana que descansaba sobre un par de alcayatas en la pared. La introdujo en el soporte metálico de la correa y revisó que tenía el móvil y las llaves tanto de la casa como del Calibra que descansaba en el patio delantero. Antonio miró a David con una expresión de sorpresa en la cara.



-Debemos de estar preparados para todo... Estas armas no tienen mucha cadencia de tiro precisamente y es más que posible que haya montones de esas cosas ahí fuera, así que será mejor llevar algo de combate cuerpo a cuerpo -dijo David, abriendo la puerta y la de la verja mediante el intercomunicador-

Antonio quitó el seguro de la pistola y David introdujo una bala en el rifle. En menos de tres segundos podía plantarle una bala en la cabeza a un bicho de esos, así que se sentía bastante más seguro con el rifle en las manos. Salieron a la entrada del patio de la casa y David cerró la puerta con llave. Antonio se aproximó a la entrada exterior y abrió la puerta mientras David apuntaba esperando ver a otro de esos seres tras ella, pero no ocurrió nada. Salieron a la calle y la vieron desierta, de modo que David cerró la puerta exterior con las llaves y las metió en el bolsillo izquierdo de su pantalón. Entonces, de repente, un grito rompió el aire de la urbanización. Era de una mujer y provenía de la parte superior de la manzana. David comenzó a correr desesperadamente con la chaqueta semiabierta y el rifle en las manos seguido de cerca por Antonio. Lo peor podía estar sucediendo solamente a unos metros de ellos...


Parte IV

Cuando llegaron corriendo a la parte superior de la calle, David contempló una escena absolutamente terrorífica. Una de esas cosas estaba devorando a una mujer tirada en el suelo. Por las espaldas, David reconoció a su vecino de atrás, Loren, convertido en una de esas cosas y devorando a su mujer ante la mirada de la hermana de David, Gemma, que permanecía absolutamente aterrorizada en el suelo abrazando a su hijo, Hugo, con un gesto protector y, aparentemente, siendo completamente incapaz de mover un músculo. Gemma profirió otro grito y, entonces, el infectado se dio la vuelta y la miro, comenzando a caminar hacia ella. David cargó el rifle y se lo llevó al hombro para apuntar. De pie tenía menos estabilidad y los nervios provocaban que le temblara el pulso. Sin pensarlo dos veces, disparó el rifle errando su objetivo a todas luces ya que el horrendo ser no sufrió daño alguno. Por fortuna, el ruido que hizo el rifle lo distrajo de su objetivo y comenzó a caminar hacia David, quien sacó el casquillo del rifle y metió otra bala dentro, cargándolo al momento. Se arrodilló, consiguiendo mayor estabilidad y apuntó con sangre fría gritando “¡Cúbreme!” a Antonio. Cuando lo que quedaba de su vecino estaba a unos diez metros, David hizo fuego volándole la cabeza por los aires. Al momento, cargó de nuevo el rifle y comenzó a correr hacia Gemma que seguía petrificada por el terror en el suelo. Entonces, la mujer de Loren, se levantó del suelo. El efecto después de morir de aquella cosa en los cuerpos inertes parecía ser extremadamente rápido. Antes de que David pudiera llevarse el arma al hombro, escuchó la pistola de Antonio disparándose y vio caer al suelo a la mujer.

-Me ganas por dos -dijo Antonio con una sonrisa-
-Ya veremos cuánto dura esa poca ventaja...

David corrió hasta su hermana y la ayudó a levantarse del suelo. Moisés estaba contemplando la escena desde una esquina de la calle con el mismo terror en el cuerpo, siendo incapaz de asimilar lo que acababa de ver. Gemma comenzó a correr hacia su casa con Hugo de la mano mientras Moisés tomó ejemplo instantáneamente. Entonces, fue él quien gritó...






Cuando David dio la vuelta a la esquina, vio una docena de esos seres subiendo por la cuesta emitiendo gemidos sonoros a intervalos irregulares y tropezando continuamente. David empujó a Gemma hacia Moisés y gritó un “¡¡Corred!!” mientras se arrodillaba en el suelo y apuntaba a uno de los infectados.

-¡¡David, entra en la casa!! -gritó Gemma- ¡¡Entra!!
-¡¡Entrad de una puta vez y cerrad todas las puertas con llave!! -gritó David, haciendo el primer disparo y dejando sin la tapa de los sesos a uno de esos horrendos seres-
-¡¡David!! -gritó Moisés, intentando sonar autoritario-
-¡¡Alguien tiene que ocuparse de esos hijos de puta, entrad dentro, cuando termine esto os llamaré!! -gritó David cargando el rifle-
-¡¡David...!! -gritó de nuevo Moisés- … Suerte...

Moisés obligó a Gemma a entrar en la casa y cerró la puerta exterior tras de sí para luego cerrar la puerta blindada interior. “Al menos sé que están a salvo todos” pensó David “Ahora a terminar con estos cabrones”.

-¡¡Empieza la fiesta!! -gritó Antonio arrodillándose a su lado para apuntar con mayor precisión-

David disparó otro proyectil que fue a parar al cristal de un Renault Clio, cuya alarma comenzó a sonar armando un escándalo tremendo.

-Buena idea -dijo Antonio- Ahora se reunirán alrededor como moscas sobre una mierda.
-La verdad es que he fallado, pero bueno -dijo David, recargando el rifle-

La turba de asquerosos infectados sanguinolentos se arremolinó alrededor del coche con la luna rota. O eran imbéciles o solamente tenían el sentido del oído, pero solamente reaccionaban a los sonidos por lo que ambos pudieron comprobar. Antonio hizo dos disparos seguidos y otro cayó al suelo. Solamente quedaban diez en pie, pero la situación comenzó a pintar peor.

-¡¡Cuidado!! -gritó una grave voz a la izquierda de Antonio y David-

Varios disparos de pistola de aire comprimido sonaron justamente después y cuando David dio media vuelta otro de esos seres se desplomaba a unos cinco metros de él. Javier estaba en el porche de la casa, que estaba algo más elevado que la verja con su pistola de aire comprimido apuntando aún en la dirección en la que había estado el infectado.

-Gracias -dijo David- Cúbrenos la espalda

David se llevó el rifle cargado al hombro mientras los diez infectados restantes caminaban más rápido hacia ellos de lo que parecían capaces de avanzar. David disparó de nuevo, abatiendo otro más mientras Antonio con tres disparos rápidos acabó con otro a la par. La pistola de Javier resonaba a la izquierda de David, de modo que se acercaban más por la retaguardia. Ya apenas se encontraban a unos quince metros de ellos y los disparos de Javier junto al sonido de cuerpos estrellándose contra el suelo a sus espaldas eran más frecuentes. David disparó tres veces lo más rápido que pudo, abatiendo a tres enemigos mientras que Antonio acababa de recargar y abatir a otro más. Todavía quedaban cuatro, a escasos diez metros. David miró hacia detrás y se encontró con la terrible imagen de alrededor de dos docenas de esos bichos acercándose a ellos a unos veinte metros. David disparó de nuevo abatiendo a otro más y metió la mano en el bolsillo de la chaqueta.... Nada más llegó a palpar tres balas. Antonio abatió a dos más; Solamente quedaba uno de ellos... a cinco metros. David dejó el rifle en el suelo y desenvainó la espada con decisión. Con un grito de locura y de terror, lanzó un mandoble a la cabeza del asqueroso ser.
La cabeza salió disparada y cayó al suelo con un sonido sordo. David escuchó un grito de “¡Cuidado!” y vio a Antonio pasar corriendo junto a él como una exhalación. Cuando se dio media vuelta, vio a dos de esos seres a algo menos de dos metros de él. Antonio los abatió con una precisión extrema que solamente la adrenalina o la experiencia pueden brindar a un hombre. Por desgracia, David vio por el rabillo del ojo cómo Antonio recargaba de nuevo la pistola, que era una tarea bastante ardua en esas condiciones y su rifle en el suelo junto a él. Por suerte, estuvo atento y lo recogió del suelo antes de correr para evitar que uno de esos bichos le devorara vivo. David envainó la espada y recogió el rifle del suelo, lo cargó y disparó al infectado más cercano.

-¡¡Antonio, deja eso para luego!! -gritó a su amigo que guardó el bote con los perdigones y le miró con cara interrogativa- -¡¡Javi, entra en casa!!

Javier no dudó dos veces en entrar dentro de la casa y cerrar la puerta blindada, ya que esos asquerosos estaban golpeando incesantemente la puerta exterior.

-¿Y ahora qué? -pregunto Antonio mirando fijamente a la turba que se les venía encima-
-Pues es muy simple... ¡¡Corre!!

Dicho esto, dio media vuelta y empezó a correr calle abajo seguido de cerca por Antonio. La manzana tenía forma de elipse, de modo que tenían que correr bastante distancia ya que la casa de David estaba justamente en línea perpendicular a ellos. Cuando llegaron a la parte inferior de la cuesta, vieron otra media docena de infectados, parados como pasmarotes en medio de la calle y dispersados de forma irregular de modo que había un hueco para pasar en línea recta.

-David, no... -dijo Antonio, viendo lo que su amigo pensaba-
-O sí...
-No, no vamos a hacer eso...
-Y quién dice que no... ¡¡Corre!!

David comenzó a correr entre los infectados como una exhalación seguido por Antonio que despotricaba a grito pelado. Los infectados trataban inútilmente de darles caza, moviendo los brazos y gimiendo con ansias de sangre. Ambos corrieron calle arriba sin toparse con ningún infectado más hasta llegar a la casa de David, quien abrió primero una puerta y luego otra cerrando ambas con llave tras de sí. Tras unos momentos de suspiros y alivio, los golpes en la puerta exterior comenzaron a sonar. David limpió la espada de sangre en la cocina mientras Antonio cogía un par de botellas, ofreciéndole a David una de Vodka Eristoff. Ambos se tiraron en el suelo del salón pequeño, apoyándose en la pared y bebiendo de sus botellas.

Acababan de jugarse el cuello como jamás en sus vidas enteras y esas cosas, esos muertos-vivos o lo que fueran, estaban fuera, golpeando incansablemente la verja y la puerta exterior de la casa, sedientos de sangre a sabiendas de que allí dentro, después de ese obstáculo que al parecer no podían ver, había carne fresca. El principio del fin del mundo, había comenzado...


Creo que queda bien así, si el moderador considera que es incómodo, lo pondré por partes o como me diga Smile

Un saludo! ^^
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Re: [LIBRO] Un Mundo al Límite

Mensaje  Kable el Mar Mayo 01, 2012 11:12 pm

No me ha dado tiempo de leerlo, pero bravo! Porque rectificar es de sabios! Un saludo.
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Re: [LIBRO] Un Mundo al Límite

Mensaje  KibaZ el Mar Mayo 01, 2012 11:17 pm

Gracias, supongo ^^ xD

Léelo si puedes, necesito opiniones para saber si seguir con este libro ^^

Un saludito! ^^
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Re: [LIBRO] Un Mundo al Límite

Mensaje  AnthonyZ el Lun Mar 25, 2013 2:49 pm

Está bien, intentaré leerlo de mucho gusto y te daré mi opinión.

Por cierto, ya leí un cachito y me gustó el detalle de "putos comunistas" "no se les puede dar una central nuclear sin que la armen": Tiene su gracia, aunque yo también comparto esas ideologías.

Saludos Very Happy
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Re: [LIBRO] Un Mundo al Límite

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